Bullying
y Cyberbullying en estudiantes de tercer año de una escuela secundaria de la
CDMX
Marco
teórico
Antecedentes
En nuestra sociedad actual, las personas tendemos a hacer uso de la violencia y la agresión para dominar a los demás o para tratar de manejar nuestros propios conflictos. Los adolescentes al estar en formación y búsqueda constante de saber quiénes son y hacia dónde van, recurren a este tipo de conductas para resaltar entre los miembros de un grupo y conseguir ser tomados en cuenta, cuando quizá en el núcleo familiar carecen de ello. Pero estas conductas violentas y agresivas no son una estrategia adecuada para la convivencia ni para la resolución de conflictos interpersonales o intergrupales que se pueden suscitar, más aún en el centro escolar. El bullying escolar, es un ejemplo de este tipo de conductas violentas que no permiten una sana convivencia entre los miembros de un grupo, ni el correcto desarrollo individual de cada uno de los implicados en el.
Existe bibliografía
reciente acerca del tema del bullying y aún más reciente y menor en relación
con el cyberbullying, de ahí el interés por conocer un poco más de este tema
específicamente en adolescentes estudiantes de secundaria residentes de la
ciudad de México. Buscando describir como se da este fenómeno aquí en la CDMX y
posteriormente plantear estrategias de prevención de este (trabajo con padres
de familia, adolescentes, profesores, directivos.
Bases teóricas
Bullying
Se ha descrito el
bullying de diferentes formas, pero para fines de la presente investigación se
retoma el concepto de bullying que incluye a tres actores: la víctima, el
victimario/ agresor y el observador. Entendemos por bullying (Olweus, 1998) como
“un desequilibrio de poder en la relación entre pares dentro del contexto
escolar, en el cual el estudiante con más poder intimida y acosa intencional y
periódicamente a algún compañero con menos poder” (Citado en Rodríguez, 2016, p.77).
El bullying escolar se refiere la persecución a una víctima (que se considera
indefensa) que se enfrenta a acciones negativas que provocan otros alumnos
(agresores). Esto incluye tres características que deben cumplirse siempre:
debe haber un desbalance de poder en favor del agresor como bien lo menciona
Olweus (1998), debe existir una intención de hacer daño (físico y/o
psicológico) y, finalmente, debe ser sistemático; es decir, repetido en el
tiempo.
Partiendo de este
concepto de bullying podemos identificar diferentes formas de ejercer violencia: conductas agresivas físicas
(golpes, empujones), verbales (insultos, apodos) y relacionales. Este último
tipo, el relacional tiene que ver con el desarrollo social del estudiante con
su grupo y “son quizá las más difíciles de identificar, ya que su ejecución es
más sutil y muchas veces invisible para las autoridades escolares encargadas
del manejo de la disciplina” (Rodríguez, 2016).
Como ya se mencionó,
los implicados en el bullying asumen diferentes roles: víctima, victimario y
observador. Así, existen estudiantes que evitan los eventos agresivos
(observadores pasivos), otros que participan directamente en el evento
(victimarios o agresores), los que refuerzan de manera indirecta las acciones
agresivas (observadores activos) y, también, quienes defienden a la víctima. Algunas
investigaciones muestran que los roles no son fijos y se intercambian incluso
durante un mismo ciclo escolar (Rodríguez, 2016), siendo algunos de los
principales motivos para cometer el bullying, la popularidad, la búsqueda de
estatus y reconocimiento, así como el sentirse aceptados como líderes de un
grupo a través del romper las reglas. Estas conductas son reforzadas por el
entorno y forman parte de la imagen que el agresor está formando ante el grupo.
Por todo lo anterior, le es tan difícil al agresor dejar de conducirse
agresivamente ya que esto representaría perder poder y estatus.
Sin embargo, no en
todas las conductas agresivas que se dan entre estudiantes están presentes los
elementos de intimidación e intencionalidad, que caracterizan al bullying. La
agresión verbal y la agresión física no necesariamente se deben clasificar como
bullying. Así para evaluarlo es necesario utilizar métodos que permitan
identificar la intencionalidad y la intimidación de las conductas. Quizá
este tipo de interacción (agresión física y/o verbal) sean el preámbulo del bullying, ya que poco a poco los estudiantes
van aprendiendo y normalizando que con el ejercicio de agresiones hacia sus
pares se puede ganar un estatus dentro del grupo escolar.
Cyberbullying
Por su parte, el
cyberbullying es considerado una forma de acoso (molestar, agredir o maltratar)
que se lleva a cabo a través del internet de forma continua hacia una persona
que no puede defenderse: correo electrónico, salas de chat, grupos de
discusión, redes sociales en línea (Facebook, por ejemplo), mensajería
instantánea o páginas web. También puede incluir el acoso a través de las
tecnologías de telefonía móvil, tales como mensajes de texto, chats o
aplicaciones. El tipo de acoso puede ser: bromas y burlas, el difundir rumores,
enviar mensajes no deseados o la difamación (Esquivel, 2015).
El cyberbullying puede considerarse como
un subtipo de bullying, por lo que una de sus características principales es la
intencionalidad. Se diferencia del bullying porque normalmente se da en el
anonimato, porque provoca una mayor inseguridad a la víctima, dado que no
existen lugares seguros donde pueda estar a salvo (dentro y fuera de la
escuela), por tanto, vive bajo un riesgo constante de agresión; y porque debido
al medio por el que se realiza la agresión, ésta puede ser observada por una
gran cantidad de espectadores un número indefinido de veces, lo que hace que el
daño potencial de la agresión permanezca en el tiempo, ampliando los efectos
esperados como consecuencia de esta. Al igual que en el bullying, existen diferentes
motivos para que una persona cometa cyberbullying; algunos de estos son: “la venganza,
el aburrimiento o los celos” (Esquivel, 2015).
Es importante considerar
que no todas las conductas agresivas necesariamente se clasifican como
cyberbullying. Para considerar una conducta como cyberbullying la agresión debe
ser repetida a lo largo del tiempo, debe proveer normalmente poder o prestigio
social al acosador respecto de su víctima; si bien esta característica no se da
en todos los casos; deben usarse medios electrónicos y/o tecnológicos (a través
del internet, telefonía celular- mensajes SMS, envío de fotografías o vídeos-, videojuegos,
etc.; puede haberse dado contacto físico previo entre la víctima y el agresor (bullying)y
no se relaciona con aspectos sexuales (en este caso se hablaría de grooming o acoso sexual).
Algunos autores identifican
varios tipos de cyberbullying. Por
ejemplo, Smith (2006) habla de Hostigamiento
(envío y difusión de mensajes ofensivos, maliciosos y vulgares), Persecución (envío de mensajes
amenazantes), Denigración (difusión
de rumores sobre la víctima), Violación
a la intimidad (difusión de secretos o imágenes), Exclusión social y Suplantación de la identidad (envío de
mensajes maliciosos haciéndose pasar por la víctima) (Citado en Esquivel, 2015,
pp.74-75).
Diferencias
entre Bullying y Cyberbullying
Algunas de las
diferencias entre el bullying y
el cyberbullying son (Esquivel,
2015):
ü La
capacidad de las nuevas tecnologías para llegar a un número infinito de destinatarios,
que puede ir más allá de los grupos de escolares, a nivel local e incluso en
casos extremos a una audiencia masiva.
ü La
invisibilidad o anonimato del acosador cobra mayor relevancia por la facilidad que
ofrecen las nuevas tecnologías para actuar o usar falsas identidades y pseudónimos
que dificultan las probabilidades de ser identificado. De igual manera, la
distancia con la víctima de acoso disminuye los sentimientos de culpabilidad,
empatía y la conciencia por las consecuencias causadas.
ü La
movilidad y conectividad de las nuevas tecnologías, en todo tiempo y espacio hace
que el acoso trascienda a todos los lugares y no se limite a la escuela u
hogar.
ü El
contenido digital que se utiliza para acosar se almacena y resulta difícil
borrarlo o desaparecerlo, por tanto, parece imperecedero.
ü La
facilidad y rapidez para enviar mensajes verbales o visuales hace que el cyberbullying se practique con
comodidad.
ü No
tiene que ver con la fuerza física o con el tamaño o edad de los agresores o víctimas
ni con la existencia de una condición marginal de quien es acosador.
Cabra y Marciales
(2012), mencionan que el cyberbullying
tiene un efecto igual o más negativo en los adolescentes que el bullying
tradicional y las víctimas pueden llegar a sufrir problemas psicológicos (depresión,
baja autoestima, ansiedad, alienación, intentos de suicidio, problemas de
comportamiento y dificultades para concentrarse) y sociológicos por mucho
tiempo. También pueden surgir algunos problemas físicos resultado del estrés
que la situación ocasiona, tales como dolores de cabeza y náuseas (Esquivel,
2015).
Rodríguez,
M., A. (2016) “Así nos llevamos”: Un estudio cualitativo sobre las relaciones
agresivas entre estudiantes de una secundaria de la Ciudad de México. Acta universitaria, 26 (3), pp.77-86.
Esquivel,
M. C. (2015) Prácticas restaurativas y
mediación escolar. Medidas alternativas para la prevención y solución de
conflictos escolares (Bullying y Cyberbullying). Tesis doctoral.
Universidad Autónoma de Nuevo León, pp. 41-82.
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